Sus pestañas negras, largas y hermosas, sombreaban unos ojos sin pensamiento, dotados sólo de una temible percepción interna y servil, ojos oscuros y vidriosos. Sus cejas negras y todas sus facciones estaban bellamente trazadas. Tenía que ser un amante temible, pero maravilloso para cualquier mujer, con aquellos portentosos atributos. Sus piernas tenían que ser sutiles y vivas, ocultas en los deformes pantalones, y en aquel hombre había parte de la suavidad, la quietud y la sedosa calidad de una silenciosa rata de ojos negros.
D.H. Lawrence
No hay comentarios:
Publicar un comentario